Un año de lucha contra el cáncer

Hace un año, quizá un poquito más pero esta fecha es la que tengo fresca en la memoria, la fortaleza, fe y amor incondicional se pusieron a prueba.

Nadie lo esperaba, nadie lo pidió y nadie estaba listo para comenzar a andar en un camino totalmente nuevo, con algunos baches o con terreno plano, con brisa cálida y en ocasiones con turbulencias que nos han hecho agarrarnos de donde podamos para no irnos, para no caernos, para no volar más de lo necesario.

Se han contenido pero también han explotado las lágrimas, ¡se vale!, ha sido necesario y terapéutico; también se han lanzado madres y padres y las preguntas ¿porqué? o ¿para qué?, han estado a la orden del día.

Cambios de humor, miedo, alegrías excesivas; el desmenuzar cada palabra, cada momento, cada cosa; grabar en el material más duradero cada expresión, cada aroma, todo como un tesoro, como la misma esencia de la vida, como debería ser siempre no sólo ante situaciones adversas.

Han sido meses, días y horas de pedir a Dios y de recibir sus respuestas; la verdad en este aspecto es increíble la forma en la que diosito se manifiesta, ¡que manera de querernos!, ¡que manera de mandarnos consuelo y al mismo tiempo enseñarnos!

Han sido horas, días y meses de milagro, de afianzar amistades, de confirmar que nuestra vida ha sido buena, de que existe la empatía, de que algo superior nos guía.

Un año, un año, un año, de realidades, de probar el dolor y de gozar a plenitud; 365 y contando, agradeciendo cada minuto, la familia está unida, está fuerte; mi negra pechugona de belleza exótica sigue tan salerosamente moviéndose, cerrando sus ojos cuando se le toman fotos, estresada por el vuelo de una mosca como siempre, y echando madres y padres tan sabrosamente como sólo ella lo puede hacer.

Cuántas cosas pasan en un minuto y cuántas más en 525 mil 600; cuánto amor se puede dar, cuánta atención y cuánta muestra de unión genuinas, ciertas, fuertes, invencibles.

El camino que no pensábamos andar hace un año, ya tiene kilómetros recorridos y unidos, serán muchos más, estoy segura de ello.

Gracias a Dios por cada situación que nos ha dado para afrontar, ¿quién es uno para reprochar?, gracias a él se nos ha dado la oportunidad de crecer, de amar más y de seguir juntos hasta que la noche cae y el sol sale tan deslumbrante como la energía de mi amada negrita de belleza exótica.familia

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